Introducción y Repaso de la Charla 2
Introducción:
La Eucaristía es el regalo más grande que Jesucristo dejó a su Iglesia, donde permanece verdaderamente presente bajo las especies de pan y vino. Su término proviene del griego para “acción de gracias”, siendo al mismo tiempo sacrificio, banquete y presencia real. El Concilio Vaticano II la define como “fuente y culmen de toda la vida cristiana”, ya que de ella brota la gracia y en ella todo se plenifica. Fue instituida en la Última Cena para perpetuar el sacrificio de la Cruz y la Resurrección. A diferencia de otros sacramentos que dan dones, en este se recibe al mismo Autor de la gracia, transformando la existencia del creyente. Finalmente, se destaca como un encuentro personal con el Señor Resucitado que nos impulsa a la caridad, la entrega y la unidad comunitaria.
- Presencia Real: La Presencia Absoluta
La presencia de Jesús en la Eucaristía no es una presencia disminuida, metafórica o puramente espiritual; es la presencia absoluta. La Iglesia nos enseña que en el Santísimo Sacramento están contenidos verdadera, real y sustancialmente el Cuerpo, la Sangre, el Alma y la Divinidad de nuestro Señor Jesucristo.
- Superior a otros signos: El Padre Roberto de Grandis señalaba que esta presencia es sumamente más fuerte que imponer las manos, que ungir con aceite o que predicar la Palabra. Es la cercanía total de Dios que se pone en nuestras manos.
- El Cristo Total: Como explicaba el Padre Rainiero Cantalamessa, no conectamos con un recuerdo estático del Cenáculo; nos unimos al Jesús resucitado, al “Cristo total”, Cabeza y Cuerpo inseparablemente unidos.
- Foco de Sanación: Al ser la presencia absoluta del Señor, la Eucaristía se convierte en el momento más grande de sanación de cuerpo, mente y espíritu. En cada Comunión, su carne se hace una con la nuestra y su sangre corre por nuestras venas.
- Transubstanciación: El Misterio de la Fe
¿Cómo ocurre este prodigio divino? A través del milagro que la Iglesia define teológicamente como Transubstanciación. Durante la Liturgia Eucarística, en el momento culminante de la Consagración, el sacerdote pronuncia las palabras de la Última Cena operando in persona Christi.
- Definición del cambio: Significa la conversión de toda la sustancia del pan en la sustancia del Cuerpo de Cristo, y de toda la sustancia del vino en la sustancia de su Sangre.
- Sustancia y Accidentes: Las propiedades externas y sensibles—lo que la teología llama “accidentes” como el sabor, el olor y la forma física—permanecen intactas a nuestros sentidos, pero su realidad profunda e interna ha cambiado por completo por la acción del Espíritu Santo.
- Actualización en el “Hoy”: Las frases sagradas no relatan un informe bíblico del pasado; se pronuncian mientras se realiza la acción en el tiempo presente. No son un recuerdo, sino una realidad viva que nos lleva a exclamar con asombro: ¡Este es el Misterio de la fe!.
- Diferencia entre Símbolo y Sacramento
Para valorar la riqueza inagotable de la Eucaristía, es vital entender la frontera entre un Símbolo y un Sacramento:
- El Símbolo: Representa o evoca una realidad que se encuentra ausente o que es ajena al objeto en sí mismo. Una fotografía de un ser querido es un símbolo; nos recuerda a la persona y despierta afecto, pero la persona no está metida sustancialmente en el papel. Una bandera representa a la patria, pero no contiene la patria en su materia.
- El Sacramento: Es un signo eficaz de la gracia, instituido por Cristo, que realiza, confiere y contiene en sí mismo la realidad que significa. La Hostia Santa no “simboliza” a Jesús; la Eucaristía es Jesús. No es un objeto pedagógico para recordar al Maestro; es el medio vivo donde la memoria se hace presencia real. Al responder “Amén” en la comunión, no aprobamos una idea bonita, afirmamos nuestra unión sustancial con Dios.
- Adoración: Respuesta de Humildad y Fe Expectante
Ante una presencia tan inmensa, la única respuesta humana coherente es la Adoración. Adorar es reconocer la primacía de Dios, aceptar que Él es el alfarero y nosotros el barro.
- El Magisterio de Benedicto XVI: En su exhortación apostólica Sacramentum Caritatis, el Papa emérito aborda precisamente la profunda unidad que existe entre la celebración de la Misa y el culto de la adoración. Nos enseña una verdad fundamental para sacudir nuestra tibieza:
«La adoración eucarística no es sino la continuación obvia de la celebración eucarística, la cual es en sí misma el acto más grande de adoración de la Iglesia. Recibir la Eucaristía significa adorar a Aquel a quien recibimos… El acto de adoración fuera de la Santa Misa prolonga e intensifica lo sucedido en la celebración misma» (S.S. Benedicto XVI, Sacramentum Caritatis, n. 66).
- El lenguaje del cuerpo: La Iglesia ha fijado gestos corporales que dan firmeza y carácter a nuestra fe, actuando como el sistema óseo del cuerpo para proteger el misterio contra la rutina. Por ello nos arrodillamos durante la Consagración y hacemos la genuflexión ante el Sagrario. Estar de rodillas expresa arrepentimiento, reverencia y humildad.
- La oración de contemplación: Como el campesino del que hablaba el Cura de Ars ante el sagrario: “Yo lo miro y Él me mira”. La adoración es un silencio amoroso, una apertura máxima del corazón herido al Dios sanador.
Conclusión y Cierre
Terminamos la reflexión de hoy recordando las palabras del Centurión que repetimos diariamente antes de comulgar: “Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme”. Jesús conoce nuestra pobreza y nuestras imperfecciones, pero desea ardientemente entrar bajo nuestro techo porque sabe cuánto lo necesitamos.
No asistamos a la Eucaristía por simple rutina o hábito piadoso superficial. Vayamos a cada Misa con un inmenso amor y con una fe expectante. Al recibir la Santidad de Cristo, asumamos el compromiso de ser Eucaristía para el mundo: granos de trigo que se dejan moler por la caridad fraterna para llevar su presencia viva a cada hermano que tiene hambre y sed de Él.
Canción:
Hostia Santa (Canto de Adoración)
Tomado de: https://vi