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Liturgia del 1 de abril 2026. Llamado a la Introspección e Invitación a Confiar en el Señor.

Posted on abril 1, 2026marzo 31, 2026

LITURGIA DE LA PALABRA.

Introducción:

La liturgia de hoy nos sitúa en un momento de profundo contraste: mientras el profeta Isaías nos presenta al ‘Siervo Sufriente’ que confía plenamente en Dios ante el ultraje, el Evangelio de San Mateo nos relata la traición de Judas y la preparación de la Última Cena.

Este día es un llamado a la introspección. Estamos invitados a reconocer nuestras propias fragilidades y las veces que, como Judas, hemos dado la espalda al Maestro por intereses temporales. Pero, sobre todo, es una invitación a contemplar la fidelidad de Jesús, quien, sabiendo lo que le espera, se entrega libremente por amor a nosotros. 

 

PRIMERA LECTURA del libro de Isaías 50, 4-9a

El mismo Señor me ha dado una lengua de discípulo, para que yo sepa reconfortar al fatigado con una palabra de aliento. Cada mañana, él despierta mi oído para que yo escuche como un discípulo.

El Señor abrió mi oído y yo no me resistí ni me volví atrás. Ofrecí mi espalda a los que me golpeaban y mis mejillas a los que me arrancaban la barba; no retiré mi rostro cuando me ultrajaban y escupían. Pero el Señor viene en mi ayuda: por eso, no quedé confundido; por eso, endurecí mi rostro como el pedernal, y sé muy bien que no seré defraudado. Está cerca el que me hace justicia: ¿quién me va a procesar? ¡Comparezcamos todos juntos! ¿Quién será mi adversario en el juicio? ¡Que se acerque hasta mí! Sí, el Señor viene en mi ayuda: ¿quién me va a condenar?

Reflexión:

A lo largo de estos días leemos el tercer canto del Siervo de Yahveh del libro del profeta Isaías. En el mismo se expresa la confianza en Dios en medio de las dificultades de la vida: “…el Señor viene en mi ayuda“.

Cuando nos dejamos interpelar por la realidad es cuando descubrimos la necesidad de «abrir el oído»  y poder aprender como discípulo lo que el Señor nos ayuda a descubrir y profundizar.

 Es desde la experiencia del amor entrañable de Dios donde se nos abre la inteligencia y el corazón. Solo entonces podemos pronunciar una palabra de aliento al abatido. 

 

SALMO RESPONSORIAL 68, 8-10. 21-22. 31. 33-34

¡Señor, Dios mío, por tu gran amor, respóndeme!

Por ti he soportado afrentas y la vergüenza cubrió mi rostro; me convertí en un extraño para mis hermanos, fui un extranjero para los hijos de mi madre: porque el celo de tu Casa me devora, y caen sobre mí los ultrajes de los que te agravian. 

La vergüenza me destroza el corazón, y no tengo remedio. Espero compasión y no la encuentro, en vano busco un consuelo: pusieron veneno en mi comida, y cuando tuve sed me dieron vinagre. 

Así alabaré con cantos el nombre de Dios, y proclamaré su grandeza dando gracias; que lo vean los humildes y se alegren, que vivan los que buscan al Señor: porque el Señor escucha a los pobres y no desprecia a sus cautivos. 

Reflexión:

 El salmo nos invita a no escandalizarnos de la pasión de Cristo, sino a ver en ella la fidelidad extrema de Dios hacia los más pequeños y cautivos, pues como  sugiere la frase :”proclamar su grandeza dando gracias” , nos insta aalabar con cantos incluso en momentos difíciles, lo que transforma nuestra perspectiva. No es ignorar el dolor, sino reconocer que Dios es mayor que los problemas. esto se traduce en nuestra vida en que debemos  abandonar el orgullo de querer controlarlo todo y encontrar descanso en buscar al Señor, permitiendo que nuestro  corazón “reviva” al confiar en Su misericordia.

 

EVANGELIO según san Mateo 26, 14-25

Uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue a ver a los sumos sacerdotes y les dijo: “¿Cuánto me darán si se lo entrego? ” Y resolvieron darle treinta monedas de plata. Desde ese momento, Judas buscaba una ocasión favorable para entregarlo.

El primer día de los Ácimos, los discípulos fueron a preguntar a Jesús: “¿Dónde quieres que te preparemos la comida pascual?” Él respondió: “Vayan a la ciudad, a la casa de tal persona, y díganle: “El Maestro dice: Se acerca mi hora, voy a celebrar la Pascua en tu casa con mis discípulos”. Ellos hicieron como Jesús les había ordenado y prepararon la Pascua. 

Al atardecer, estaba a la mesa con los Doce y, mientras comían, Jesús les dijo: “Les aseguro que uno de ustedes me entregará”.

Profundamente apenados, ellos empezaron a preguntarle uno por uno: “¿Seré yo, Señor?” Él respondió: “El que acaba de servirse de la misma fuente que Yo, ése me va a entregar. El Hijo del hombre se va, como está escrito de él, pero ¡ay de aquel por quien el Hijo del hombre será entregado: más le valdría no haber nacido!” Judas, el que lo iba a entregar, le preguntó: “¿Seré yo, Maestro?” “Tú lo has dicho”, le respondió Jesús.

Reflexión:

Hoy, el Evangelio nos presenta tres escenas: la traición de Judas, los preparativos para celebrar la Pascua y la Cena con los Doce.

La palabra “entregar” (“paradidōmi” en griego) se repite seis veces y sirve como nexo de unión entre esos tres momentos: (I) cuando Judas entrega a Jesús; (II) la Pascua, que es una figura del sacrificio de la cruz, donde Jesús entrega su vida; y (III) la Última Cena, en la cual se manifiesta la entrega de Jesús, que se cumplirá en la Cruz.

Sus palabras: «Yo os aseguro que uno de vosotros me entregará» son extensivas a todos nosotros, que también hemos sido llamados por Jesús. Son una invitación a reflexionar sobre nuestras acciones, sean buenas o malas; nuestra dignidad; plantearnos qué estamos haciendo en este momento con nuestras vidas; hacia dónde estamos yendo y cómo hemos respondido al llamado de Jesús. Debemos respondernos con sinceridad, humildad y franqueza.

Y es que  la traición no nació afuera, sino adentro, dentro de la comunidad apostólica. Entonces Judas no aparece como un traidor impulsivo. Mateo, de hecho, lo presenta tomando una decisión consciente y que revela lo que tiene su corazón. 

Va a los sumos sacerdotes y pregunta ¿Cuánto me dan si les entrego a Jesús? Es la pregunta de quien ha desplazado el seguir a Jesús por el ¿Qué puedo obtener de Jesús? Las treinta monedas de plata no son solo una cantidad, es el signo de una relación que progresivamente se fue destruyendo, que se fue cerrando. 

El drama no es que Judas se siente a la mesa, sino que permanezca sin cambiar el corazón. Aquí el Evangelio nos invita a mirarnos con honestidad. No basta la cercanía exterior, no basta formar parte del grupo, parte de la Iglesia, parte de la comunidad, parte del clero. No basta cumplir con lo visible. 

El Catecismo nos recuerda algo importante: ‘el pecado es una falta contra la razón, la verdad y la recta conciencia’. Es una ofensa a Dios porque se opone a su amor. Y eso es lo que ocurre en Judas. No es un error puntual, sino un corazón que se fue cerrando a la verdad, a la razón, a la conciencia, pero se fue cerrando al dolor de saber que estaba oponiéndose al amor, que estaba ofendiendo a su Creador, a su Salvador. 

Conclusión: 

Las lecturas de este día nos abren desde lo humano a la profundidad de lo espiritual, preparándonos el corazón a lo que vamos a celebrar. Nos explicaba el Papa Benedicto XVI: «En los próximos días conmemoraremos el enfrentamiento supremo entre la Luz y las Tinieblas. También nosotros debemos situarnos en este contexto, conscientes de nuestra ‘noche’, de nuestras culpas y responsabilidades, si queremos revivir con provecho espiritual el Misterio Pascual»

Ante la figura de Judas presente en la liturgia del día, el Salmo te invita a preguntarte: “¿Busco mi propio interés o busco la grandeza de Dios?”.

Que este  Miércoles Santo no sea para señalar culpables, sino para discernir el propio corazón, desde dónde seguimos a Cristo, ¿desde la confianza o desde el interés? ¿desde la fidelidad o desde lo que nos conviene? 

Nos explica el Papa León XIV que la pregunta “¿Seré yo?” “– es quizá una de las preguntas más sinceras que  podemos hacernos a nosotros mismos. No es la pregunta del inocente, sino la del discípulo que descubre  su fragilidad. No es el grito del culpable, sino el susurro de quien, aunque queriendo amar, sabe que  puede herir. Es en esta consciencia donde inicia el camino de la salvación.”

Esto porque si bien es cierto,  la vulnerabilidad es parte de nuestra vida cristiana,  vivida desde Dios,  se transforma en fortaleza porque su amor nunca nos abandona, pues es en medio del sufrimiento es donde el siervo experimenta la ayuda de Dios y pone en El su confianza. El misterio del dolor en la vida nos abre a una nueva percepción de la realidad y del Amor. El aliento se vuelve entonces presencia, cercanía, gesto y palabra.

Jesús no nos retira su amor, pero tampoco fuerza la libertad. Y antes de la cruz, el Evangelio nos pide una elección clara: que no lleguemos al Triduo viviendo una fe de costumbre, sino con una fe asumida. Que no nos presentemos en la mesa por inercia, sino por decisión y convicción, por eso, en 

Nuestra Oración

Pidamos hoy la gracia de un corazón unificado, capaz de seguir a Cristo sin condiciones, para no apartarnos de Él cuando el camino conduce a la Cruz. 

Tomado de:

  • Folleto La Misa de Cada Día.
  • https://www.eucaristiadiaria.cl/dia_cal.php?fecha=2026-04-01olleto La Misa de Cada Día
  • https://www.aciprensa.com/noticias/116227/catequesis-del-papa-leon-xivsobre-la-traicion
  • https://www.evangelizacion.org.mx/evangelio-de-hoy
  • https://www.facebook.com/100063622330880/videos/950458945724882/?locale=tr_TR&_rdr
  • https://oracionyliturgia.archimadrid.org/2026/04/01/
  • https://www.dominicos.org/predicacion/evangelio-del-dia/hoy/
  • https://evangeli.net/evangelio

 

Palabra de Vida Mes de Abril: “Quédate con nosotros, porque ya es tarde y el día se acaba” (Lucas 24, 29) https://ciudadnueva.com.ar/categoria/palabra-de-vida/

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