En el tema la Ruta para dejarse Amar dijimos que esta se fundamenta en el autoconocimiento y el amor propio, ya que sanar la relación contigo mismo te permite establecer vínculos más saludables y maduros. Reconocer tus virtudes y defectos, practicar la autocompasión y establecer límites claros es la base para amar y ser amado genuinamente.
El sacerdote Javier Martin nos esxplicaba en la homilia de hoy que conocer nos significa amar ni seguir. Que el Amor significa corresponder, confiar y abrir el corazón a Jesús que vino a dar la vida por nosotros.
Y nos invitaba a preguntarnos: ¿Qué impide que de verdad amemos al Señor y lo sigamos: la debilidad, lo que nos pide no nos gusta o va contra nuestros planes? ¿Por qué hacemos las cosas? realmente es por El? porque es distinto hacer las cosas por El, siguiendo sus pasos sabiendo que la felicidad que el quiere darnos el Amor. Entonces, ¿nosotros queremos seguirlo? ¿Somos dóciles?
Y es que creo que descubrir que Dios nos Ama, no puede dejarnos inconmovible, como si no fuera importante; es una caricia al alma; cuando el Espíritu Santo nos revela el AMOR de JESÚS; todos los sentidos naturales y espirituales son despertados, resucitados; no podemos seguir caminando por la vida igual que antes; cuando se sentíamos solos, despreciados; no valorados, depresivos; angustiados.
Nos explicaba san Juan Pablo II: “Si abrimos el alma y nos dejamos tocar por ese Dios cercano, amigo enamorado del hombre y lleno de bondad y Misericordia, nuestra vida será mucho más hermosa y buena.”
El asunto es que Amor es una palabra, rica en significados y a menudo mal utilizada en nuestra cultura.
Mateo 22:37-39, nos dice: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente… y amarás a tu prójimo como a ti mismo.
1 Juan 4:19 nos da el estándar adicional, amamos porque El (Dios) nos amó primero.
Entonces podríamos preguntarnos: ¿Amamos como Dios nos ama? Y sabemos ¿Cómo nos ama Jesús?
Jesús nos ama incondicionalmente y por completo. Nos amó tanto que murió por nuestros pecados.
El amor de Dios no es frívolo. El amor de Dios se describe como firme y duradero, sacrificado, incondicional, personal y transformador. A menudo se traduce como bondadoso, amoroso, misericordioso y constante.
Al enfocarnos en cómo mostrar el amor de Dios a los demás y recordar que su amor es constante, también debemos ser honestos con nosotros mismos. Hay obstáculos mundanos que nos impiden mostrar el amor de Dios a los demás. A medida que el mundo se infiltra, el amor que estamos llamados a mostrar se debilita.
Veamos algunos ejemplos de estos obstáculos:
1.-Uno de los frutos del espíritu en los que a menudo necesitamos trabajar es la paciencia o serenidad. Por supuesto, lo opuesto a la paciencia es la impaciencia. Una de las maneras en que podemos mostrar a las personas el amor de Dios es a través de nuestra paciencia. Cuando somos lo opuesto —impacientes—, apenas podemos mostrar amor.
“El Señor es tierno y compasivo; es paciente y todo amor”. Sal 103, 8. La impaciencia puede manifestarse en cómo tratamos a los demás y cómo lidiamos con las situaciones. ¡A veces, al mismo tiempo!
Es natural esperar con impaciencia el fin de una prueba difícil en nuestras vidas. Ya sea una dificultad de salud, dificultades económicas o cualquier otra cosa, lo importante es cómo lidiamos con ello. Parte de mostrar el amor de Dios en la tribulación es modelar nuestra comprensión y creencia en su fidelidad. Esto puede iniciar conversaciones con otros sobre por qué somos diferentes y nos da una maravillosa oportunidad de hablar del amor de Dios por nosotros.
También podemos estar esperando con impaciencia algo bueno. De nuevo, ¿estás demostrando con impaciencia tu espera o les estás contando a los demás que confías en el tiempo de Dios para ti? Llenos de impaciencia, ya sea durante la espera o en una prueba, no nos deja mucho espacio para pensar en cómo podemos amar a los demás.
Efesios 4:2 nos dice que debemos actuar con humildad y mansedumbre, con paciencia, soportándonos unos a otros en amor.
Pero ¿qué pasa cuando no te sientes muy paciente y amoroso? ¿Hay alguna persona que te saca de quicio? ¿cómo puedes ser paciente con ellos incluso cuando realmente no quieres?
Romanos 12:12 ofrece uno de los mejores consejos: ser constantes en la oración. Cuando te sientas impaciente, este debe ser el recurso predilecto. Pedir a Dios la paciencia que El te ha mostrado
2.-Un seguidor cercano de la impaciencia es el juicio. Ya sea juzgándonos severamente a nosotros mismos o juzgando a alguien más, claramente bloqueamos tanto la experiencia del amor de Dios como su demostración a los demás.
2 Corintios 5:10 nos recuerda que todos debemos comparecer ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba lo que le corresponde por las cosas que hizo mientras estuvo en el mundo, sean buenas o malas.
Nuestro juez es Jesús. Jesús fue uno de los mejores maestros sobre el juicio. En Mateo 7:1-2, dice: «No juzguen para que nadie los juzgue a ustedes. Porque tal como juzguen se les juzgará, y con la medida que midan a otros, se les medirá a ustedes.».
En el versículo 5, nos recuerda que primero debemos sacar la viga de nuestro propio ojo para ver con claridad y sacar la paja del ojo de nuestro hermano.
Todos hemos estado en el otro extremo de una declaración que no nos hizo sentir bien, por eso es importante prepararse para estas conversaciones, es una manera de asegurarse de no juzgar a alguien sin darse cuenta.
El autoexamen puede ayudarnos a arrepentirnos y a alejarnos del pecado, pero cuando se convierte en un patrón negativo que repite pensamientos como «no eres lo suficientemente bueno», «eres malo en (completa el espacio en blanco)», «eres un pésimo amigo», o incluso cuando el síndrome del impostor se apodera de nosotros, debemos detenernos, ¡porque esto no es de Dios!
¡Encontrar con quienes compartir estos sentimientos puede ayudar! Pueden orar por ti y ser un recordatorio de cuánto te ama Dios.
3.- Otro obstáculo lo encontramos en Jonás 2:8 «Los que se aferran a ídolos vanos se apartan del amor de Dios por ellos».
Si bien el amor de Dios es firme e inmutable, y Él es misericordioso con nosotros, ¿con qué frecuencia nos comportamos como los antiguos israelitas, adorando cosas distintas a Dios? Si leemos que el antiguo Israel adoraba ídolos literales de otros dioses, ¿qué idolatramos hoy? Un ídolo es cualquier cosa que ocupa una posición superior a Dios en nuestras vidas. Y, si pasamos nuestro tiempo con estos otros ídolos, ¿cómo experimentamos o demostramos el amor de Dios?
Los ídolos pueden adoptar muchas formas; ídolos modernos incluyen las redes sociales y las posesiones físicas o la necesidad de obtenerlas. Cualquier cosa que consuma nuestros pensamientos más que amar a Dios y al prójimo es un ídolo. Cuando pasamos nuestros momentos pensando en estos ídolos, dejamos poco espacio para pensar en cómo podemos mostrar a los demás el amor de Dios.
Incluso cuando creemos estar realmente enfocados en los demás, podemos estar confundiendo la actividad con el amor; nuestras agendas se han convertido en ídolos. Desde el trabajo hasta las apretadas agendas deportivas, los clubes de lectura y más, llenamos nuestros días. ¿Estás presente de una manera presente y amorosa, o solo te presentas para cumplir con tus obligaciones y ser visto? No se trata solo de estar en un lugar; se trata de tu verdadero compromiso y atención.
¿Qué te pareció la última vez que cenaste con tu familia o amigos cercanos? ¿Acaso un dispositivo móvil te estaba quitando el tiempo, como si fuera tu ídolo, o estabas completamente concentrado en quienes te acompañaban?
Es importante examinarnos a nosotros mismos; sugiero un inventario regular de ídolos. No lleva mucho tiempo. Toma una hoja de papel y piensa en qué ha consumido tus pensamientos y tiempo últimamente. ¿Hizo Dios esta lista?
4.-Otro obstáculo por el que no experimentamos plenamente el amor de Dios ni lo mostramos a los demás es el miedo.
1 Juan 4:18 nos recuerda que en el amor no hay temor. Sino que el amor perfecto echa fuera el temor, porque el temor implica castigo. El que teme no se perfecciona en el amor.
Dios incluso nos dice: «No temas, porque yo te he redimido; te he llamado por tu nombre; eres mío» (Isaías 43:1).
El miedo nos impide experimentar el amor de Dios. Alejarse de esos ídolos también puede generar miedo. Miedo a perder a cierto grupo de amigos, miedo a perder algo, o miedo a haber rechazado un compromiso social que te impedía asistir a la iglesia.
El miedo también puede impedirnos mostrar el amor de Dios, especialmente como embajadores de Jesús. ¿Temes contarle a alguien sobre tus compromisos con el reino, como asistir a la iglesia el fin de semana o a un grupo comunitario entre semana? ¡Quizás acabas de decirles a tus conocidos alguna excusa para no darte a conocer como creyente! Ser valiente para compartir con otros tu caminar con Jesús no siempre será fácil, pero permitir que vean los ritmos de tu vida que lo reflejan es un comienzo sencillo.
Terminamos hablando del miedo al rechazo. Sentirse rechazado es una de las acciones de la interacción social que más marca a un ser humano. Sin importar edad, nacionalidad, estatus, educación o etnia, el sentimiento que evoca el rechazo es adverso para cualquier ente social. Tener la etiqueta de rechazada marca nuestras vidas de manera negativa e interviene en nuestro desarrollo social, emocional y espiritual.
La definición básica de rechazo normalmente se refiere al enfrentamiento u oposición a una idea, acción o situación. Partiendo de esta definición, no podemos esperar vivir para Dios a través del poder de Cristo y por Su Santo Espíritu, y no recibir el rechazo de un mundo que abiertamente está en desacuerdo con los principios bíblicos. Más que un deseo, es una necesidad del mundo excluirnos y denigrarnos por las decisiones y pasos que damos en pos de vivir una vida que glorifique a Dios, pero Jesús nos dice en Mateo 10:19-20: «no se preocupen por cómo responder o qué decir. Dios les dará las palabras apropiadas en el momento preciso. Pues no serán ustedes los que hablen, sino que el Espíritu de su Padre hablará por medio de ustedes.».
Hasta aquí, hemos reflexionado sobre cuatro de los aspectos en nuestra vida que nos impiden amar a Dios: Impaciencia, juicio, ídolos y miedo.
Sin embargo, en esta Cuaresma, entregarlos todos al Señor es lo más amoroso que puedes hacer por ti mismo y por los demás porque ser transformados o santificados es un proceso continuo de volver la mente a Jesús y arrepentirse de las maneras mundanas en que bloqueamos el amor de Dios y, a su vez, nos impiden mostrarlo a los demás
Comentaba el papa Francisco: “Como el profeta Jonás, siempre llevamos latente la tentación de huir a un lugar seguro que puede tener muchos nombres: individualismo, espiritualismo, encerramiento en pequeños mundos, dependencia, instalación, repetición de esquemas ya prefijados, dogmatismo, nostalgia, pesimismo, refugio en las normas. Tal vez nos resistimos a salir de un territorio que nos era conocido y manejable. Sin embargo, las dificultades pueden ser como la tormenta, la ballena, el gusano que secó el ricino de Jonás, o el viento y el sol que le quemaron la cabeza; y lo mismo que para él, pueden tener la función de hacernos volver a ese Dios que es ternura y que quiere llevarnos a una itinerancia constante y renovadora.”
Nos quedamos para nuestro bizcopadentro la cita de Rut 3:11: “Ahora pues, no temas, hija mía. Yo haré por ti todo lo que tú digas, pues todos en mi ciudad saben que tú eres una mujer virtuosa.”
Recordá, sos una Mujer Valiente, Dios te Ama., Amate y déjate amar para Amar como El.
Canción: https://youtu.be/zAr72b5rSOI?si=p5kECsfpoWH7Ne20
Tomado de
https://christianworkingwoman.org/broadcasts/maneras-en-que-bloqueas-el-amor-de-dios-en-tu-vida/
https://catholic-link.com/dejarse-amar-por-dios-ideas/
https://www.avivanuestroscorazones.com/joven-verdadera/blog/rechazada-por-el-mundo-aceptada-por-cristo/
https://es.aleteia.org/2018/06/11/conoces-lo-que-te-impide-a-ti-amar/
https://www.bible.com/events/45929747