LITURGIA DE LA PALABRA
Introducción
La liturgia de hoy cuadra muy bien al tiempo de Cuaresma, que no es tan sombrío como a veces hemos pensado. Caminamos hacia algo nuevo, hacia la gloria y la Resurrección. Es cierto que estamos en tiempos, política y ambientalmente, difíciles y oscuros. Pero la espiritualidad cuaresmal, es incorporarse vitalmente a la persona y proyecto de Jesús, y, entonces sí, ser capaces de rechazar todo lo que se opone a ello y entrenarse en todo lo que lleva a este fin. Esto, a veces, exige sacrificios dolorosos, pero se trata de una educación en la fe, la esperanza y el amor; hay que creer en el tiempo de Cristo.
PRIMERA LECTURA del libro de Isaías 65, 17-21
Así habla el Señor:
Yo voy a crear un cielo nuevo y una tierra nueva. No quedará el recuerdo del pasado ni se lo traerá a la memoria, sino que se regocijarán y se alegrarán para siempre por lo que Yo voy a crear: porque voy a crear a Jerusalén para la alegría y a su pueblo para el gozo.
Jerusalén será mi alegría, Yo estaré gozoso a causa de mi pueblo, y nunca más se escucharán en ella ni llantos ni alaridos. Ya no habrá allí niños que vivan pocos días ni ancianos que no completen sus años, porque el más joven morirá a los cien años y al que no llegue a esa edad se lo tendrá por maldito. Edificarán casas y las habitarán, plantarán viñas y comerán sus frutos.
Reflexión:
Este texto nos muestra a un Dios que se goza, se alegra, se regocija del bien y la felicidad de sus hijos. Un Dios que perdona el pasado, hace florecer el presente y garantiza los frutos del futuro.
SALMO RESPONSORIAL 29, 2. 4-6. 11-12a. 13b
¡Te glorifico, Señor, porque me libraste!
Yo te glorifico, Señor, porque Tú me libraste y no quisiste que mis enemigos se rieran de mí. Tú, Señor, me levantaste del Abismo y me hiciste revivir, cuando estaba entre los que bajan al sepulcro.
Canten al Señor, sus fieles; den gracias a su santo Nombre, porque su enojo dura un instante, y su bondad, toda la vida: si por la noche se derraman lágrimas, por la mañana renace la alegría.
Escucha, Señor, ten piedad de mí; ven a ayudarme, Señor. Tú convertiste mi lamento en júbilo, ¡Señor, Dios mío, te daré gracias eternamente!
Reflexión:
El Salmista nos invita, en esta espiritualidad cuaresmal que nos propone la liturgia de hoy a mirar nuestro pasado no con dolor, sino como una prueba de nuestra fortaleza actual. Si pudiste salir de ese abismo, tienes una nueva oportunidad con un propósito renovado.
EVANGELIO según san Juan 4, 43-54
Jesús partió hacia Galilea. El mismo había declarado que un profeta no goza de prestigio en su propio pueblo. Pero cuando llegó, los galileos lo recibieron bien, porque habían visto todo lo que había hecho en Jerusalén durante la Pascua; ellos también, en efecto, habían ido a la fiesta.
Y fue otra vez a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Había allí un funcionario real, que tenía su hijo enfermo en Cafarnaúm. Cuando supo que Jesús había llegado de Judea y se encontraba en Galilea, fue a verlo y le suplicó que bajara a sanar a su hijo moribundo.
Jesús le dijo: “Si no ven signos y prodigios, ustedes no creen”.
El funcionario le respondió: “Señor, baja antes que mi hijo se muera”.
“Vuelve a tu casa, tu hijo vive”, le dijo Jesús.
El hombre creyó en la palabra que Jesús le había dicho y se puso en camino. Mientras descendía, le salieron al encuentro sus servidores y le anunciaron que su hijo vivía. Él les preguntó a qué hora se había sentido mejor. “Ayer, a la una de la tarde, se le fue la fiebre”, le respondieron.
El padre recordó que era la misma hora en que Jesús le había dicho: “Tu hijo vive”. Y entonces creyó él y toda su familia.
Éste fue el segundo signo que hizo Jesús cuando volvió de Judea a Galilea.
Reflexión:
Afirmaba el Papa Francisco: “…El Señor nos puede cambiar». A este punto surge espontáneo preguntarse: ¿qué debo hacer? La respuesta es clara: «Creer, creer que el Señor puede cambiarme, que Él puede». Exactamente lo que hizo con el funcionario del rey que tenía un hijo enfermo en Cafarnaún. Así, pues, ese padre «creyó en la palabra que Jesús le había dicho y se puso en camino: creyó, creyó que Jesús tenía el poder de curar a su niño. Y tuvo razón».
«La fe —explicó el Papa Francisco— es dejar espacio a este amor de Dios; es dejar espacio al poder, al poder de Dios, al poder de alguien que me ama, que está enamorado de mí y desea la alegría conmigo. Esto es la fe. Esto es creer: es dejar espacio al Señor para que venga y me cambie».
Si deseas profundizar en este texto del evangelio, te dejo el link de mi página en el que reflexiono en este tema.
Señales de Dios. PARTE 3 Segunda Señal. Sincronización Sobrenatural
Conclusión:
Como decíamos en la introducción, la Cuaresma: no es un tiempo de “penitencias”, de acumular prácticas difíciles o dolorosas, que “compensen” o “paguen” nuestros desmanes en el resto del año.
Por el contrario, el proceso cuaresmal en mucho más rico, profundo y optimista. Se trata de “celebrar”, es decir, “recordar” (volver a pasar por el corazón) la muerte de Jesús, consecuencia de su vida, sus opciones y su mensaje sobre el Reino de Dios; su resurrección en que posee ya, incluso en su ser hombre, la Vida plena de Hijo de Dios que puede transmitir a todos por el Espíritu Santo, dado en Pentecostés. Y todo ello, como muestra y garantía del amor infinito, sabio y eficaz del Padre por nosotros.
En esta perspectiva, la primera lectura nos muestra a un Dios que se goza, se alegra, se regocija del bien y la felicidad de sus hijos. Un Dios que perdona el pasado, hace florecer el presente y garantiza los frutos del futuro. y la lectura del evangelio de Juan, nos señala un itinerario de fe que ha de ser el nuestro. Nos dice que el funcionario romano “creyó”. Creyó sin ver y sin hora concreta. Se puso en camino hacia eso “nuevo” anunciado, que no había visto. Y se le cumplió exactamente a la hora en que se le había dicho. Se cumple la sanación, es decir, la salvación, en el mismísimo minuto en que se anuncia. Es decir, aquí y ahora. La cuestión es creerlo y ponerse en marcha para comprobar la salvación, esta es la Espiritualidad Cuaresmal que estamos llamados a vivir.
Oración para el Tiempo de Cuaresma.
Señor Jesús, Tú que en el desierto venciste al mal, danos fuerza para superar nuestras debilidades.
Que el ayuno nos despierte al hambre de justicia, la oración nos acerque a Tu corazón, y que nuestra generosidad sea signo de fraternidad.
Acompáñanos en este camino de conversión, para que lleguemos a La Pascua con un corazón renovado. Amén.
Tomado de:
- Folleto La Misa de Cada Día
- https://www.eucaristiadiaria.cl/dia_cal.php?fecha=2026-03-16
- Diario Bíblico 2026. Misioneros Claretianos.
- https://www.vatican.va/content/francesco/es/cotidie/2015/documents/papa-francesco-cotidie_20150316_como-se-cambia.html
- https://www.dominicos.org/predicacion/evangelio-del-dia/hoy/
- https://www.ciudadredonda.org/events/comentario-al-evangelio-del-16-de-marzo-de-2026/
- https://servicioskoinonia.org/leccionario/texto/7016TAVJ03.html#LE2
Palabra de Vida Mes de Marzo.«Levántense, no tengan miedo.» Mt 17,7 https://ciudadnueva.com.ar/categoria/palabra-de-vida/