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Liturgia del 14 de marzo 2026 ¿Cuál debe ser nuestra actitud ante Dios?

Posted on marzo 14, 2026marzo 13, 2026

LITURGIA  DE LA PALABRA. 

Introducción

Hoy la liturgia nos invita a reflexionar  sobre la actitud cuál debe ser nuestra actitud ante Dios, sin duda alguna no es la autosuficiencia, ni la práctica de ritos externos, o  quien cree ganar la salvación por su propio esfuerzo. La actitud  que mueve el corazón de Dios es la humilidad de un espíritu y un corazón quebrantado. 

 

PRIMERA de la profecía de Oseas 6, 1-6

“Vengan, volvamos al Señor: Él nos ha desgarrado, pero nos sanará; ha golpeado, pero vendará nuestras heridas. Después de dos días nos hará revivir, al tercer día nos levantará, y viviremos en su presencia. Esforcémonos por conocer al Señor: su aparición es cierta como la aurora. Vendrá a nosotros como la lluvia, como la lluvia de primavera que riega la tierra”. 

¿Qué haré contigo, Efraím? ¿Qué haré contigo, Judá? Porque el amor de ustedes es como nube matinal, como el rocío que pronto se disipa. Por eso los hice pedazos por medio de los profetas, los hice morir con las palabras de mi boca, y mi juicio surgirá como la luz. Porque Yo quiero amor y no sacrificios, conocimiento de Dios más que holocaustos.

Reflexión:

El profeta Oseas nos invita a convertirnos a los caminos de Dios. Pero esta conversión no tiene que ser superficial, no tiene que ser pasajera. El profeta quiere que esta vez vaya en serio. 

Hagamos nuestras las palabras que el profeta pone en labios de los israelitas: “Vamos, volvamos al Señor, Él nos curará, Él nos resucitará y viviremos delante de Él”.

 

SALMO RESPONSORIAL 50, 3-4. 18-21ab

El Señor quiere Misericordia y no sacrificios.

¡Ten piedad de mí, Señor, por tu bondad, por tu gran compasión, borra mis faltas! ¡Lávame totalmente de mi culpa y purifícame de mi pecado! 

Los sacrificios no te satisfacen; si ofrezco un holocausto, no lo aceptas: mi sacrificio es un espíritu contrito, Tú no desprecias el corazón contrito y humillado. 

Trata bien a Sión, Señor, por tu bondad; reconstruye los muros de Jerusalén. Entonces aceptarás los sacrificios rituales: las oblaciones y los holocaustos. 

Reflexión:

Haremos énfasis en le necesidad del salmista de que el Señor lave la culpa y lo puriifique del pecado. ¡El pecado!; la incapacidad del hombre para actuar según los principios de la razón y de la voluntad de Dios: hace lo que no quiere, y deja de hacer lo que le gustaría hacer. 

Esta ley del pecado, en el lenguaje de hoy, es equivalente a los rasgos negativos de la personalidad, gravados bioquímicamente en la frontera final del ser, en los componentes últimos de la célula, llamados genes. Ahí están «escritos» los rasgos fundamentales, tanto positivos como negativos, que conforman esa realidad inalienable y única que llamamos persona, individuo.

Esos rasgos negativos (como el rencor, irascibilidad, hipersensualidad, timidez, obsesión, reacciones primarías, compulsabilidad … ) dominan la conducta del hombre, haciendo lo que no quiere y comportándose de manera contraria a lo que desea y se esfuerza. Ahora bien, si el hombre hace lo que no quiere, ¿dónde está la libertad? La libertad existe, naturalmente, pero en ciertas zonas de la personalidad puede estar condicionada, en otras maniatadas y, hasta, en alguna zona, casi anulada. Por eso dice Pablo: «Hago lo que no quiero.»

Frente a aquel binomio de muerte (vergüenza-tristeza), el salmo 50 levanta en alto el binomio de vida: humildad-confianza. Aquí está la salvación y la vida, y se abren ante nuestros ojos cielos azules y noches estrelladas: la salvación está a las puertas.

El salmista irrumpe en el escenario, casi precipitadamente, llevando en alto la bandera de la humildad-confianza, implorando y apelando a la misericordia eterna. En una actitud de éxodo, el salmista, en lugar de detenerse en sí mismo lamentando sus miserias, sale y se remonta hasta la cumbre misma de la esencia divina, su «bondad», su «inmensa compasión», en una concentración interior hecha de intimidad, confianza, ternura y humildad: «Misericordia, Dios mío, por tu bondad; por tu inmensa compasión borra mi culpa» (v. 3). Este es el acorde que da el tono (y tono mayor) a toda la sinfonía del salmo. El salmista no apela a sus penitencias, lágrimas o torturas mentales sino a la «inmensa compasión» divina. La fuente de la confianza está, pues, en tu «bondad».

 

EVANGELIO según san Lucas 18, 9-14

Refiriéndose a algunos que se tenían por justos y despreciaban a los demás, Jesús dijo esta parábola:

Dos hombres subieron al Templo para orar; uno era fariseo y el otro, publicano. El fariseo, de pie, oraba así: “Dios mío, te doy gracias porque no soy como los demás hombres, que son ladrones, injustos y adúlteros; ni tampoco como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago la décima parte de todas mis entradas”.

En cambio el publicano, manteniéndose a distancia, no se animaba siquiera a levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: “¡Dios mío, ten piedad de mí, que soy un pecador!”

Les aseguro que este último volvió a su casa justificado, pero no el primero. Porque todo el que se eleva será humillado, y el que se humilla será elevado.

Reflexión:

Nos explicaba el Papa Benedicto XVI. “Jesús no nos induce a pensar que el fariseo no esté diciendo la verdad cuando él afirma que no es rapaz, injusto, ni adúltero y que ayuna y entrega dinero al Templo (cf. Lc 18,11); ni tampoco que el recaudador de impuestos esté delirando al considerarse a sí mismo como un pecador. Ésta no es la cuestión. Más bien ocurre que «el fariseo no sabe que él también tiene culpa. Él tiene una conciencia completamente clara. Pero el “silencio de la conciencia” lo hace impenetrable ante Dios y ante los hombres, mientras que el “grito de conciencia” que inquieta al publicano lo hace capaz de la verdad y del amor. ¡Jesús puede remover a los pecadores!”

El asunto en el tex del Evangelio de hoy, es que el fariseo vivía en la falsa ilusión de ser perfecto delante de Dios, lo que le impedía ver en qué áreas de su vida necesitaba la intervención divina, lo que le impedía trabajar en cambiar aquellas formas, acciones, actitudes o creencias que estaban en el error y que eran consecuencia del pecado o que lo encaminaban a él.

Que no te pase eso a ti, en este tiempo de Cuaresma, reconoce con valentía la grandeza de tu pequeñez y la grandeza del amor de Dios que poco a poco te va engrandeciendo; reconoce y confiesa ante Dios tu pecado, como el publicano para que dejes a Dios ser Dios en tu vida y siga embelleciendo tu persona con sus dones y virtudes; para que te reconcilies con Él, renunciado a todo lo que de Él te distancia y te dejes lavar con la sangre del Cordero que da la verdadera vida.

Conclusión: 

En este tiempo que nos queda de Cuaresma, procuremos tener una actidud de sed de  conocer al Señor pues la salvación consistirá en compartir la misma vida de Dios.

Nuestra vida entera es don de Dios, así: la luz que nos envuelve, el aire que respiramos, el universo entero; también el perdón que necesitamos y nuestra salvación serán  un regalo de Dios. El asunto es que un gran problema al que nos enfrentamos los seres humanos está  en aceptar la terrible verdad de nuestra fragilidad y pequeñez; y por eso, por no aceptar esa verdad, vivimos tantas veces buscando cosas, situaciones, experiencias o personas que nos digan que no somos frágiles o vulnerables, que no somos débiles o necesitados y que nos den la falsa ilusión de ser grandes, autosuficientes, poderosos o mejores que otros; viviendo así fuera de la realidad, o mendigando aceptación o justificación; pero, mientras estemos en este mundo, la única verdad que nos hará libres, de verdad, es la de saber que somos necesitados de Dios; que toda belleza, talento, virtud o bondad que poseemos es, en realidad, belleza, talento, virtud o bondad que Dios ha puesto en nosotros o reflejo de los de Dios en nosotros. Creer todo esto nos trae paz y nos hace más humildes.

Oración para el Tiempo de Cuaresma: 

Señor Jesús, Tú que en el desierto venciste al mal, danos fuerza para superar nuestras debilidades. 

Que el ayuno nos despierte al hambre de justicia, la oración nos acerque a Tu corazón, y que nuestra generosidad sea signos de fraternidad.

Acompáñanos en este camino de conversión, para que lleguemos a La Pascua con un corazón renovado. Amén 

Tomado de:

  • Folleto La Misa de Cada Día
  • https://www.eucaristiadiaria.cl/dia_cal.php?fecha=2026-03-14
  • Diario bíblico 2026. Misioneros Claretianos.
  • https://www.evangelizacion.org.mx/evangelio-de-hoy
  • https://www.dominicos.org/predicacion/evangelio-del-dia/hoy/
  • https://evangeli.net/evangelio
  • https://www.mercaba.org/DIESDOMINI/CUARESMA/CENIZA

Palabra de Vida Mes de Marzo.«Levántense, no tengan miedo.» Mt 17,7 https://ciudadnueva.com.ar/categoria/palabra-de-vida/

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