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Liturgia del 30 de enero 2026. Adheririnos al Señor para el Crecimiento de la Gracia Divina en Nuestras Vidas.

Posted on enero 30, 2026enero 29, 2026

LITURGIA DE LA PALABRA

 

Introducción:

Hoy en la liturgia el Señor nos invita a reflexionar sobre la neceisad de adherirnos al Señor siempre  para, como la semilla de mostaza crecer  y echar ramas donde otros puedan disfrutar bajo la sombra, contrastando con el  peligro de la ociosidad y el ocultamiento del pecado.

 

PRIMERA LECTURA del segundo libro de Samuel 11, 1-4a. 5-10a. 13-17. 27c

Al comienzo del año, en la época en que los reyes salen de campaña, David envió a Joab con sus servidores y todo Israel, y ellos arrasaron a los amonitas y sitiaron Rabá. Mientras tanto, David permanecía en Jerusalén.

Una tarde, después que se levantó de la siesta, David se puso a caminar por la azotea del palacio real, y desde allí vio a una mujer que se estaba bañando. La mujer era muy hermosa. David mandó a averiguar quién era esa mujer, y le dijeron: “¡Pero si es Betsabé, hija de Eliám, la mujer de Urías, el hitita!” Entonces David mandó unos mensajeros para que se la trajeran. La mujer quedó embarazada y envió a David este mensaje: “Estoy embarazada”.

Entonces David mandó decir a Joab: “Envíame a Urías, el hitita”. Joab se lo envió, y cuando Urias se presentó ante el rey, David le preguntó cómo estaban Joab y la tropa y cómo iba la guerra. Luego David dijo a Urías: “Baja a tu casa y lávate los pies”. Urías salió de la casa del rey y le mandaron detrás un obsequio de la mesa real. Pero Urías se acostó a la puerta de la casa del rey junto a todos los servidores de su señor, y no bajó a su casa. Informaron a David que Urías no había bajado a su casa. 

Al día siguiente, David lo invitó a comer y a beber en su presencia y lo embriagó. A la noche, Urías salió y se acostó junto a los servidores de su señor, pero no bajó a su casa.

A la mañana siguiente, David escribió una carta a Joab y se la mandó por intermedio de Urías. En esa carta, había escrito lo siguiente: “Pongan a Urías en primera línea, donde el combate sea más encarnizado, y después déjenlo solo, para que sea herido y muera”. Joab, que tenía cercada la ciudad, puso a Urías en el sitio donde sabía que estaban los soldados más aguerridos. Los hombres de la ciudad hicieron una salida y atacaron a Joab. Así cayeron unos cuantos servidores de David, y también murió Urías, el hitita.

Pero lo que había hecho David desagradó al Señor.

Reflexión:

El texto nos detalla aparentemente pequeño marca el inicio de un proceso peligroso: “David se quedó en Jerusalén” mientras los reyes salían a campaña. Esa ausencia no es anecdótica, revela un corazón que se deja llevar por la comodidad, que prefiere quedarse en lugar de asumir responsabilidades.

A partir de ahí, todo se encadena: el deseo, la manipulación y la muerte de Urías. El pecado no aparece como un acto aislado, sino como consecuencia de confiar en uno mismo más que en Dios. David tenía poder, influencia y la bendición de Dios, pero dejó que su necesidad de controlar todo lo que le rodeaba lo desviara del servicio.

Todo esto nos una gran enseñanza, cada gesto de manipulación o encubrimiento abre camino a consecuencias mayores, muchas veces irreversibles; esto se inicia, la mayor parte del tiempo,   fruto del más insignificante signo de distanciamiento de Dios, entonces nuestras decisiones fundamentales comienzan a pervertirse. 

 

SALMO RESPONSORIAL 50, 3-7. 10-11

 ¡Ten piedad, Señor, porque hemos pecado!

¡Ten piedad de mí, Señor, por tu bondad, por tu gran compasión, borra mis faltas! ¡Lávame totalmente de mi culpa y purifícame de mi pecado! 

Porque yo reconozco mis faltas y mi pecado está siempre ante mí. Contra ti, contra ti solo pequé e hice lo que es malo a tus ojos.

Por eso, será justa tu sentencia y tu juicio será irreprochable; yo soy culpable desde que nací; pecador me concibió mi madre. 

Anúnciame el gozo y la alegría: que se alegren los huesos quebrantados. Aparta tu vista de mis pecados y borra todas mis culpas. 

Reflexión:

Nos explicaba el Papa Francisco que “Se trata de una oración penitencial, en la cual la petición de perdón está precedida por la confesión de la culpa y en la cual el orante, dejándose purificar por el amor del Señor, se vuelve una nueva criatura, capaz de obediencia, de firmeza de espíritu, y de alabanza sincera.

Este salmo hace referencia al rey David y a su pecado con Betsabé, la esposa de Urías el hitita. Conocemos bien la historia. El rey David, llamado por Dios para apacentar al pueblo y guiarlo por los caminos de la obediencia a la Ley divina, traiciona su misión y, tras haber cometido adulterio con Betsabé, hace asesinar al marido. ¡Qué feo pecado! El profeta Natán le desvela su culpa y le ayuda a reconocerla. Es el momento de la reconciliación con Dios, en la confesión del propio pecado. ¡Y aquí David fue humilde y grande! Quien reza con este salmo está invitado a tener los mismos sentimientos de arrepentimiento y de confianza en Dios que tuvo David cuando se arrepintió, y aun siendo rey, se humilló sin tener temor de confesar la culpa y mostrar la propia miseria al Señor, convencido de la certeza de su misericordia. Y no era un pecado pequeño, una pequeña mentira, lo que había hecho: ¡había cometido un adulterio y un asesinato!”

 

EVANGELIO según san Marcos 4, 26-34

Jesús decía a sus discípulos: El Reino de Dios es como un hombre que echa la semilla en la tierra: sea que duerma o se levante, de noche y de día, la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo. La tierra por sí misma produce primero un tallo, luego una espiga, y al fin grano abundante en la espiga. Cuando el fruto está a punto, él aplica enseguida la hoz, porque ha llegado el tiempo de la cosecha”.

También decía: “¿Con qué podríamos comparar el Reino de Dios? ¿Qué parábola nos servirá para representarlo? Se parece a un grano de mostaza. Cuando se la siembra, es la más pequeña de todas las semillas de la tierra, pero, una vez sembrada, crece y llega a ser la más grande de todas las hortalizas, y extiende tanto sus ramas que los pájaros del cielo se cobijan a su sombra”.

Y con muchas parábolas como estas les anunciaba la Palabra, en la medida en que ellos podían comprender. No les hablaba sino en parábolas, pero a sus propios discípulos, en privado, les explicaba todo.

Reflexión:

Nos explicaba el Papa Benedicto XVI: “A través de imágenes tomadas del mundo de la agricultura, el Señor presenta el misterio de la Palabra y del reino de Dios, e indica las razones de nuestra esperanza y de nuestro compromiso. (…) La imagen de la semilla es particularmente querida por Jesús, ya que expresa bien el misterio del reino de Dios. En las dos parábolas de hoy ese misterio representa un «crecimiento» y un «contraste»: el crecimiento que se realiza gracias al dinamismo presente en la semilla misma y el contraste que existe entre la pequeñez de la semilla y la grandeza de lo que produce. El mensaje es claro: el reino de Dios, aunque requiere nuestra colaboración, es ante todo don del Señor, gracia que precede al hombre y a sus obras. Nuestra pequeña fuerza, aparentemente impotente ante los problemas del mundo, si se suma a la de Dios no teme obstáculos, porque la victoria del Señor es segura. Es el milagro del amor de Dios, que hace germinar y crecer todas las semillas de bien diseminadas en la tierra. Y la experiencia de este milagro de amor nos hace ser optimistas, a pesar de las dificultades, los sufrimientos y el mal con que nos encontramos. La semilla brota y crece, porque la hace crecer el amor de Dios.”

¿No les parece impresionante pensar que  el reino de Dios es un regalo, que nace pequeñito y sin explicarnos cómo nos va dando ese gusto de Dios? Y ese gustar de Dios, que parece al principio pequeñito e intranscendente, va creciendo. Y descubres que toda tu vida empieza a girar en torno a Aquel que te ha amado primero. Y dejas de juzgar, empiezas a perdonar de corazón, te vuelves misericordioso, tus criterios se fundamentan en el Evangelio…, ya no eres tú, es Cristo que vive en ti.

Conclusión y Oración:

El relato de David nos recuerda que el poder sin humildad puede desordenarlo todo. Mientras David trataba de imponer su voluntad, Jesús nos enseñará otra lógica: la del Reino que crece desde la confianza y lo pequeño.

El Evangelio de hoy suena casi como un susurro, pero un susurro que dice una verdad profunda. David quiso controlar la realidad: controlar el deseo, las consecuencias, las personas, incluso la muerte. Y en ese intento de dominio, todo se fue desfigurando. Jesús, en cambio, habla de un Reino que crece precisamente cuando el ser humano acepta no tener el control absoluto.

La parábola del sembrador que duerme y se levanta mientras la semilla crece “sin que él sepa cómo” nos confronta con una tentación muy humana: creer que todo depende de nosotros. David cae cuando se coloca en el centro, cuando confunde su poder con un derecho. El sembrador del Evangelio, en cambio, cumple su parte, siembra, y luego confía. No vigila obsesivamente la tierra, no manipula el proceso. Acepta que hay un misterio que no le pertenece.

Este contraste es muy actual. Vivimos en un mundo donde quien controla parece tener razón: control de territorios, de recursos, de relatos, de personas. Jesús propone otra manera de estar en el mundo. El Reino no se impone como hizo David, no elimina al otro para sobrevivir, no acelera procesos a costa de vidas. Crece desde abajo, desde lo pequeño, desde una semilla casi ridícula como el grano de mostaza. Ahí está la gran inversión del Evangelio: lo que parece insignificante acaba dando cobijo; lo que no domina, transforma.

Este mensaje nos invita a revisar desde dónde actuamos. ¿Desde el miedo a perder el control o desde la confianza en que Dios sigue actuando incluso cuando no vemos resultados inmediatos? David actuó para salvarse a sí mismo; el Reino crece cuando dejamos espacio para que Dios sea Dios. Resistir la tentación de “arreglarlo todo” a nuestra manera. Creer que Dios actúa también en lo oculto, en lo lento, en lo que no hace ruido.

La Virgen aceptó plenamente ese regalo y el reino de Dios se hizo carne en sus entrañas. Empecemos nosotros estando muy cerca de ella,  y  pidámosle su intercesió,  para que nos dispongamos a adherirnos al Señor y dejar crecer Su  Reino  en nuestra vida, ese Reino que pedimos cada vez que oramos con el Padrenuestro. Amén. 

Tomado de:

  • Folleto La Misa de Cada Día.
  • Diario Bíblico 2026. Misioneros Claretianos
  • https://www.eucaristiadiaria.cl/
  • https://www.dominicos.org/predicacion/evangelio-del-dia/hoy/
  • https://www.vatican.va/content/francesco/es/audiences/2016/documents/papa-francesco_20160330_udienza-generale.html
  • https://oracionyliturgia.archimadrid.org/2026/01/30/es-un-regalo/
  • https://www.vaticannews.va/es/evangelio-de-hoy/2026/01/30.html

 

Palabra de Vida Mes de Enero “Hay un solo Cuerpo y un solo Espíritu, así como hay una misma esperanza, a la que ustedes han sido llamados, de acuerdo con la vocación recibida.” (Ef 4, 4) https://ciudadnueva.com.ar/categoria/palabra-de-vida/

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