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Liturgia del 3 de octubre 2026. La Sabiduría de la pequeñez ante el Misterio de Dios.

Posted on octubre 3, 2026octubre 2, 2026

LITURGIA DE LA PALABRA. 

Introducción:

La Liturgia de hoy nos invita a reconocer la grandeza de Dios y a recibir con un corazón humilde sus misterios, los cuales permanecen ocultos para los sabios del mundo pero son revelados a los sencillos de espíritu. A través de la experiencia del sufrimiento y la restauración, se nos recuerda que los caminos divinos superan nuestra comprensión y que sus mandatos son fuente de verdadera sabiduría y consuelo. Así, al experimentar el poder del Reino de Dios actuando en nuestra pequeñez, somos llamados a alegrarnos no por nuestros propios méritos o capacidades, sino porque nuestra debilidad ha sido abrazada por su Amor y nuestros nombres están escritos en el Cielo.

 

Lectura del libro de Job 42, 1-3. 5-6. 12-17.

Job respondió al Señor, diciendo: “Yo sé que Tú lo puedes todo y que ningún proyecto es irrealizable para ti. Sí, yo hablaba sin entender, de maravillas que me sobrepasan y que ignoro.

Yo te conocía sólo de oídas, pero ahora te han visto mis ojos. Por eso me retracto, y me arrepiento en el polvo y la ceniza”.

El Señor bendijo los últimos años de Job mucho más que los primeros. Él llegó a poseer catorce mil ovejas, seis mil camellos, mil yuntas de bueyes y mil asnas. Tuvo además siete hijos y tres hijas. A la primera la llamó “Paloma”, a la segunda “Canela”, y a la tercera “Sombra para los párpados”. En todo el país no había mujeres tan hermosas como las hijas de Job. Y su padre les dio una parte de herencia entre sus hermanos.

Después de esto, Job vivió todavía ciento cuarenta años, y vio a sus hijos y a los hijos de sus hijos, hasta la cuarta generación. Job murió muy anciano y colmado de días.

Reflexión: 

 Este  texto, nos sumerge en el desenlace del camino espiritual de Job, un proceso sapiencial que transita desde la abundancia original hasta el misterio del sufrimiento más desgarrador. En medio de esta noche oscura y de una batalla interna que supera los límites de la comprensión humana, Job renuncia a sus juicios limitados para abrirse a la contemplación directa de la grandeza divina: «ahora te han visto mis ojos». Esta profunda transformación no solo anula los intentos de Satanás por destruir su fe, sino que reconfirma la soberanía de un Dios que sostiene y acompaña en la debilidad. Finalmente, la restauración de sus bienes y familia, expresada bajo la mentalidad material del Antiguo Testamento, prefigura la victoria definitiva y la bendición celestial que Cristo manifestará plenamente.                                                                                                                           

SALMO RESPONSORIAL 118, 66. 71. 75.91. 125. 130

¡Brille sobre mí la luz de tu rostro, Señor!

Enséñame la discreción y la sabiduría, porque confío en tus mandamientos. Me hizo bien sufrir la humillación, porque así aprendí tus preceptos. 

Yo sé que tus juicios son justos, Señor, y que me has humillado con razón. Todo subsiste hasta hoy conforme a tus decretos, porque todas las cosas te están sometidas. 

Yo soy tu servidor: instrúyeme, y así conoceré tus prescripciones. La explicación de tu palabra ilumina y da inteligencia al ignorante. 

Reflexión: 

El salmo confirma la maduración espiritual y la transformación que Job experimenta a través de la prueba. El salmista nos enseña que el dolor puede convertirse en escuela de fe cuando se afirma: «Me hizo bien sufrir la humillación, porque así aprendí tus preceptos». Al reconocernos humildes servidores sedientos de la instrucción divina, la palabra del Señor disipa las tinieblas de la limitación humana, pues su explicación ilumina y da inteligencia al ignorante.

Así, la oración de la Iglesia se transforma en un canto de docilidad y confianza, donde descubrimos que los mandatos divinos no son una carga, sino la luz que da sentido pleno al misterio de la existencia.

 

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 10, 17-24

Al volver los setenta y dos de su misión, dijeron a Jesús llenos de gozo: “Señor, hasta los demonios se nos someten en tu Nombre”.

Él les dijo: “Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo. Les he dado poder para caminar sobre serpientes y escorpiones y para vencer todas las fuerzas del enemigo; y nada podrá dañarlos. No se alegren, sin embargo, de que los espíritus se les sometan; alégrense más bien de que sus nombres estén escritos en el cielo”.

En aquel momento Jesús se estremeció de gozo, movido por el Espíritu Santo, y dijo: “Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque, habiendo mantenido ocultas estas cosas a los sabios y prudentes, las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, porque así lo has querido.

Todo me ha sido dado por mi Padre, y nadie sabe quién es el Hijo, sino el Padre, como nadie sabe quién es el Padre, sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar”.

Después, volviéndose hacia sus discípulos, Jesús les dijo a ellos solos: “¡Felices los ojos que ven lo que ustedes ven! ¡Les aseguro que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que ustedes ven y no lo vieron, oír lo que ustedes oyen y no lo oyeron!”

Reflexión: 

El Evangelio de hoy, iluminado por la enseñanza del Papa Benedicto XVI, nos revela que el Hijo no actúa con arbitrariedad, sino que desea implicar en su conocimiento divino a toda la gente sencilla y humilde de corazón. Jesús alaba al Padre porque su verdad permanece oculta para los sabios y entendidos de este mundo, quienes quedan cegados por el orgullo y la autosuficiencia de sus propios logros. Esta alegría del Señor se convierte en un llamado urgente a abandonar toda soberbia y a dejarnos transformar por una espiritualidad dócil, pequeña y abierta al Reino de Dios. Así, al admitir y practicar lo que Dios nos da a conocer, comprendemos que el verdadero éxito espiritual no radica en las capacidades humanas, sino en la gracia de tener nuestros nombres escritos en el CIelo.

 

Conclusión:

Las lecturas nos enseña que, cuando renunciamos a nuestros propios juicios ante el misterio divino y nos hacemos pequeños, nuestros ojos se abren a la contemplación de su grandeza y nuestro corazón se capacita para recibir la verdadera sabiduría del Reino.

Para poner en práctica esta enseñanza en nuestra vida diaria, la liturgia nos deja tres compromisos fundamentales:
  • Abandonar la queja y el orgullo: Aceptar las pruebas y contradicciones de la vida con la confianza de que los designios divinos superan nuestra limitada comprensión humana.
  • Cultivar una espiritualidad sencilla: Buscar a Dios con un corazón limpio y dócil, reconociendo que dependemos enteramente de su gracia y no de nuestros propios méritos.
  • Alegrarnos en la pequeñez: Evitar la autosuficiencia ante los éxitos terrenales y poner nuestra única y verdadera alegría en que el Amor de Dios nos sostiene y nuestros nombres están escritos en el Cielo.

Oración Final:

Oh Purísima Madre, modelo de perfecta sumisión y docilidad ante los designios del Altísimo, encomendamos a tu guía maternal nuestro caminar diario. Te suplicamos, Señora de la Escucha, que nos obtengas de tu Divino Hijo los auxilios necesarios para abrazar la cruz con paciencia absoluta, desterrando de nuestra mente cualquier atisbo de soberbia o arrogancia.

Concede a nuestras almas la docilidad de los párvulos para acoger con pureza los secretos celestiales, y alcánzanos el don de la intrepidez evangélica para gozarnos únicamente en la predilección con la que el Creador nos ha distinguido. Que tu amparo maternal nos amolde a tu semejanza, de modo que toda nuestra existencia sea un canto de adoración desinteresada que se entregue confiadamente a la voluntad del Todopoderoso.

Amén.

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Tomado de : 

  • Folleto La Misa de Cada Día.
  • https://www.eucaristiadiaria.cl/dia_cal.php?fecha=2026-10-03
  • Diario Bíblico 2026. Misioneros Claretianos.
  • https://evangeli.net/evangelio/dia/2026-10-03
  • https://oracionyliturgia.archimadrid.org/2026/10/03
  • https://www.dominicos.org/predicacion/evangelio-del-dia/hoy/

Palabra de Vida Mes de Setiembre 2026. «No maltratarás al extranjero ni lo oprimirás, porque ustedes fueron extranjeros en Egipto» (Ex 22, 20) https://ciudadnueva.com.ar/categoria/palabra-de-vida/

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